Ataque en Ocaña: El impacto del terrorismo del ELN en la narrativa de “mano dura” del Gobierno de Abelardo de la Espriella

 Ataque en Ocaña: El impacto del terrorismo del ELN en la narrativa de “mano dura” del Gobierno de Abelardo de la Espriella

 

Por Juan Ruiz Ceballos

El reciente ataque en Ocaña, Norte de Santander, perpetrado por el ELN representa el primer gran desafío de orden público para el Gobierno de Abelardo de la Espriella. Este acto criminal contra la fuerza pública pone a prueba de manera directa la bandera de “mano dura” y recuperación de la autoridad con la que el mandatario construyó su campaña política para derrotar al Progresismo de Gustavo Petro y su ineficiente agenda de paz total.

Sin embargo, la campaña política (enfocada en show y entretenimiento de masas) y la realidad nacional son dos mundos muy distintos y tras el ataque del viernes 4 de septiembre en el Cantón Militar El Trapiche, la implementación de la estrategia de “Seguridad Democrática 2.0” replicada con espíritu de propaganda durante la campaña “Defensores de la Patria”, hoy encuentra la oportunidad perfecta para validar el relato político que llevó al “Tigre” a la presidencia de Colombia el pasado 7 de agosto.

Según las primeras investigaciones, el Frente Camilo Torres Restrepo del ELN utilizó drones con explosivos para atacar el interior de la base. Al salir un pelotón y buscar asegurar el área, fue emboscado con fusil. El saldo fue de tres militares muertos (el capitán Marco David Pirajón Montezuma, los soldados Joel Alberto Jiménez Jaramillo y Jhon Carlos Marrugo Manjarrez) y cinco heridos. Además, una aeronave sufrió daños por esquirlas y se reportó un hostigamiento en El Carmen. La situación decretó toque de queda en Ocaña.

Tras el ataque, el presidente advirtió al ELN que usaría toda la fuerza del Estado, declarando que “se van a arrepentir”, reafirmando su postura de cero concesiones frente al pasado de diálogos fallidos. Junto a su cúpula de defensa, el gobierno anunció una ofensiva militar integral enfocada en golpear las finanzas y a cabecillas del ELN en la región del Catatumbo.

En la comunicación política y el marketing gubernamental, este tipo de coyunturas se instrumentalizan bajo narrativas clave. El enemigo justifica la promesa: “Se los advertí”. Por un lado, el marketing de la “Seguridad Democrática 2.0” se basó en diagnosticar un país “entregado y sumiso a la delincuencia” debido a las políticas de paz. En este tiempo, el ataque del ELN en Ocaña le sirve al gobierno para decirle al electorado: “El diagnóstico de la campaña era el correcto; el enemigo sigue activo, es implacable y por eso se necesitaba la mano dura que yo propuse”. La crisis no debilita al presidente, sino que justifica la necesidad de su existencia en el poder.

En ese sentido, el mensaje de la campaña y la realidad tras el ataque se fusionan y se complementan con éxito para validar la narrativa con más fuerza y así justificar la acción institucional con una respuesta de guerra que seguramente la ciudadanía aplaudirá. Construir un enemigo interno fuerte requiere contrastar la respuesta actual con la “debilidad” del pasado.

Toda acción causa una reacción. La declaración incendiaria del presidente reta al enemigo cuya acción se traduce en respuesta subversiva y por ende revitaliza el mensaje de “mano dura”. La mecha se prende para la guerra y plantea el cuadrilátero perfecto: Estado vs criminales o lo que el presidente llama narcoterroristas; término que aún resulta abstracto y más mediático.

Frente al ataque, la comunicación no se centra en la vulnerabilidad de las tropas, sino en la contundencia de la respuesta. Frases como “se van a arrepentir” genera un quiebre psicológico en la ciudadanía: la transición entre la “impunidad” del gobierno anterior (Petro) vs la “certeza y autoridad” de la era Abelardo cuya línea discursiva de alineación ideológica con Trump y su inclusión en el Escudo de las Américas, Israel y la agenda evangélica en América Latina, le transmite al ciudadano un aire de frescura por el apoyo militar que se pueda recibir de las máximas potencias de guerra del planeta para atacar estructuras criminales añejas como el ELN y las disidencias de las FARC que crecen en zonas clave del país. ¡Amanecerá y veremos!

Bueno, no sería la primera vez. La relación histórica entre Colombia e Israel ha sido una de las alianzas estratégicas más profundas de América Latina, cimentada principalmente en el ámbito militar. Tiene su origen en los años 50’s. Luego, en los 80’s Colombia adquiere los derechos para fabricar el fusil Galil a través de Indumil y no olvidar el capítulo más oscuro en el que mercenarios particulares israelíes, como Yair Klein, se dedicó al entrenamiento de grupos paramilitares en el Magdalena Medio. Durante la presidencia de Álvaro Uribe, la cooperación alcanzó su punto máximo en inteligencia, ciberseguridad y tecnología de punta. La asesoría israelí e intercambio de información con el Mossad fueron claves para asestar golpes históricos a las estructuras de las FARC, ganándose el apelativo internacional de ser el principal aliado de Israel en la región. ¡El resto es historia!

Así las cosas, el ataque en Ocaña de las últimas horas, aporta para validar el mensaje político de Abelardo de la Espriella y su narrativa del mito fundacional del “Líder Protector”. Lo que inquieta y genera puntos suspensivos para el debate es saber cómo los medios de comunicación van a tramitar esta narrativa y si existirá una línea ética para la difusión de una guerra que se acerca o por el contrario, serán los medios privados el aparato de propaganda principal de un gobierno que no aceptará cuestionamientos. También está por verse el rol que jugará en este rompecabezas el sistema de medios públicos y el ministerio TIC. Ahí está la cuestión del análisis.

Decía el orador y místico religioso Malcolm X, “ cuídate de los medios de comunicación porque vas a acabar odiando al oprimido y amando al opresor”.

 El teórico social británico Philip Eliot, por su parte, dijo que “el efecto poderoso de los medios es la forma sutil con que influyen en el modo que sus audiencias perciben los roles sociales y la rutina. Las fuerzas económicas usan los medios de comunicación para infundir una retórica donde se aplican estos conceptos”. La audiencia se concibe como mercado y consumidora de productos televisados antes que como ciudadanía.

Entre tanto, el brillante pensador francés Michael Foucault fue más allá del debate y aseguró que “las ciencias humanas solo quieren conocer al hombre para dominarlo”. En este caso se habla de la enorme capacidad del poder y de los medios para imponer su verdad al mundo. La construcción de la verdad, o la idea e interpretación que tenemos de ella, se da por la capacidad que tenga el poder de la repetición. Nietzsche, filósofo alemán decía: “no hay hechos, hay interpretaciones”.

 En el discurso político se habla del arte de servir, pero es aún más profundo. Diría que es el diálogo, la escucha activa y la empatía las que permiten una conversación auténtica entre iguales que se puede traducir en un mensaje colectivo de gran impacto social. “Los hombres sabios hablan porque tienen algo que decir, los necios porque tienen que decir algo”, escribió Platón.