LA IZQUIERDA NO FUNCIONA

Por: Humberto García Zambrano

Director revista Mi Nación

 

Durante las últimas dos décadas, buena parte de América Latina apostó por gobiernos de izquierda que prometían reducir la pobreza, combatir la desigualdad y construir sociedades más justas. El discurso era atractivo: un Estado más fuerte, mayor intervención en la economía y una distribución más equitativa de la riqueza. Sin embargo, la realidad terminó siendo muy distinta en muchos países de la región.

Hoy, el mapa político latinoamericano comienza a cambiar.

Los ciudadanos parecen haber entendido que las buenas intenciones no son suficientes cuando los resultados económicos, sociales e institucionales no llegan. Las urnas están marcando un giro hacia gobiernos de centroderecha y derecha que ofrecen estabilidad, seguridad, crecimiento económico y confianza para la inversión.

Los ejemplos abundan. Venezuela pasó de ser una de las economías más prósperas de América Latina a convertirse en el símbolo del fracaso del socialismo del siglo XXI. Millones de venezolanos abandonaron su país huyendo de la pobreza, la inflación y la falta de oportunidades. Cuba continúa enfrentando una profunda crisis económica y severas restricciones a las libertades, mientras Nicaragua vive un creciente aislamiento internacional bajo un régimen ampliamente cuestionado por su concentración del poder y el deterioro de las garantías democráticas.

Argentina merece un capítulo aparte. Durante años, los gobiernos del kirchnerismo impulsaron un modelo de fuerte intervención estatal que terminó dejando una economía golpeada por una inflación desbordada, creciente pobreza, déficit fiscal y pérdida de confianza. Muchos analistas advertían que el país caminaba hacia una situación similar a la venezolana si no corregía el rumbo. Los argentinos decidieron cambiar. Eligieron un modelo completamente diferente y, aunque el proceso de ajuste ha sido difícil, el país ha comenzado a mostrar señales de recuperación económica, mayor confianza de los mercados y un descenso importante de la inflación frente a los niveles históricos que venía registrando.

Colombia también vivió una experiencia inédita. El primer gobierno de izquierda de su historia llegó con enormes expectativas de cambio. Sin embargo, cuatro años después, el país termina profundamente polarizado, con múltiples reformas inconclusas, incertidumbre económica y un amplio debate sobre los resultados alcanzados. El mensaje de las urnas fue claro: los colombianos decidieron elegir un nuevo rumbo con Abelardo de la Espriella, quien asumirá la Presidencia el 7 de agosto de 2026.

Ese mismo fenómeno se observa en otros países de la región. Costa Rica eligió a Laura Fernández Delgado; Chile optó por José Antonio Kast; Perú eligió a Keiko Fujimori, Ecuador a Daniel Novoa. Aunque cada país tiene una realidad distinta, todos reflejan una tendencia común: una parte importante del electorado está dejando atrás los proyectos de izquierda para buscar modelos que prioricen el crecimiento económico, la seguridad, la inversión privada y el fortalecimiento institucional.

Por supuesto, ningún sector político posee el monopolio del éxito ni está libre de cometer errores. Existen gobiernos de derecha que también han fracasado y enfrentado graves crisis. Pero resulta difícil ignorar que buena parte de los gobiernos de izquierda latinoamericanos terminaron acumulando problemas económicos, debilitando las instituciones, aumentando la confrontación política o concentrando el poder. Esa realidad explica, en buena medida, el cambio que hoy vive la región.

La democracia tiene precisamente esa virtud: permite corregir el rumbo. Cuando los ciudadanos consideran que un modelo no responde a sus expectativas, tienen la posibilidad de elegir otro. Eso es lo que parece estar ocurriendo en América Latina.

La historia reciente deja una enseñanza que ningún gobernante debería ignorar. Los discursos ideológicos pueden ganar elecciones, pero solo los resultados permiten conservar la confianza de la ciudadanía. El crecimiento económico, la generación de empleo, la seguridad jurídica, el respeto por las libertades y el fortalecimiento de las instituciones siguen siendo los pilares sobre los cuales se construye el desarrollo de una nación.

Quizá por eso el nuevo mapa político latinoamericano está cambiando de color. No porque una ideología sea perfecta, sino porque millones de ciudadanos han decidido evaluar a sus gobernantes por sus resultados y no por sus promesas. Y, a juzgar por las decisiones que vienen tomando en las urnas, la conclusión de muchos latinoamericanos parece ser clara: la izquierda, tal como se ha aplicado en buena parte de la región, no funcionó.