
Cuando la República de Ruanda fue colonizada por Bélgica en 1923, a los colonizadores les pareció eficiente segmentar la sociedad con el fin de manipular su gobernanza, para ello convirtieron la división social ordinaria propia de toda sociedad, en una división artificial, pero capaz de zanjar más profundamente: la división racial.
El discurso belga, muy similar al nazi, manipuló la historia del país para crear artificialmente una jerarquía racial en la que supuestamente la minoría tutsi constituía una raza superior más civilizada y cercana a los europeos que los hutus; en su día, los colonos belgas llegaron a afirmar que los tutsis eran europeos de piel negra.
Al final al finalizar la colonización, la minoría tutsi fue ferozmente perseguida por los hutus, ocasionando el recordado genocidio de Ruanda en el que más de 800,000 personas perdieron la vida a manos de su propio pueblo; una sangrienta debacle que acabó con el 75% de un grupo poblacional referenciado, en sólo 100 días.
Ni qué decir del holocausto nazi: el discurso que motivado en razones artificiales de superioridad racial y con premisas simples, como el arco de la oreja, el color del pelo o la longitud de la nariz, no reparó en el enorme estrago que supone poner a un individuo por encima de otro.
En 1969 Carl Oglesby, acuñó un término que ha venido a tener relevancia en este tiempo. A raíz del planteamiento sobre la distribución de responsabilidades frente a la crisis climática y en medio del convulso panorama político mundial, se ha empezado a hablar del sur global, una subdivisión más de las tantas que se han trazado en la historia y que más allá de ser un término académico contiene el peligroso veneno propio de las zanjas artificiales que hacen quienes están en posiciones de dominación. El sur global representa países pobres. Está trazado por la línea del Ecuador y refinado por una línea conocida como línea Brandt, la cual delimita y separa lo desarrollado de lo subdesarrollado; esta línea nos conduce a una sencilla pregunta: si en un momento de la historia fue peligroso segregar una población por su actividad económica (como en el caso de los hutus y los tutsi), ¿qué potencial peligro tiene para América Latina, para África y parte de Oceanía, conformar la otredad?
El sur global tiene en este momento un valor referencial a la Ruanda colonial, en donde los gobernantes están por encima de los gobernados, en este caso no solo social, sino geográficamente. No es un secreto que América Latina por años ha sido considerada el patio trasero de los Estados Unidos, aún se habla de ello, precisamente porque fáctico; África ha sido considerada territorio explotable por parte de las potencias europeas, sólo hasta hace muy poco levantamientos anticolonialistas como el de Burkina Faso, han intentado expulsar a los franceses con el ánimo de terminar décadas de explotación. Curiosamente como en el caso de los hutus y como referencias adicionales, somos la mayoría, estamos relativamente subyugados, definitivamente relegados y bajo los potenciales efectos de las destructivas divisiones imaginarias.
Foto: Saúl Sigüenza




