Del terremoto al “Plan Marshall”: crónica de un mes de visitas, reuniones y compromisos en el departamento más golpeado por el sismo del 10 de agosto.
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella llegó a la Casa de Nariño con una promesa: gobernar desde las regiones y no desde un escritorio en Bogotá. Tres días después de su posesión, esa promesa tuvo su primera prueba. El terremoto, de magnitud 7,4 según el Servicio Geológico Colombiano, tuvo su epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el Chocó, a una profundidad de 103 kilómetros. Desde entonces, el Chocó se volvió la vitrina del nuevo gobierno y también su examen más exigente.
La primera visita: el Puesto de Mando en Quibdó
El presidente llegó a Quibdó el mismo día de la tragedia. Acompañado de la gobernadora Nubia Carolina Córdoba-Curi, reportó que en el Chocó, uno de los departamentos más pobres del país, había 13 fallecidos, 119 heridos y cinco personas desaparecidas. Instaló su despacho en la Sala de Crisis de la capital y desde ahí anunció la movilización inmediata de todas las capacidades del Estado.
Los primeros compromisos fueron de emergencia. Ante el colapso de gran parte de la infraestructura hospitalaria, los pacientes de mediana y alta complejidad serían remitidos a centros médicos de Medellín y Antioquia, igualmente, se anunciaron subsidios de arriendo para quienes perdieron sus viviendas o las tuvieron afectadas. Además, se comprometió a realizar un encuentro regional con todo su gobierno para evaluar las necesidades de los municipios afectados, y aseguró que los recursos para atender la emergencia ya estaban disponibles.
En los días siguientes recorrió Quibdó, Pereira, El Cairo, Toro y Cali. Allí dejó el mensaje que resume su enfoque: Colombia no se gobierna a la distancia. En el Chocó planteó que la tragedia era también una oportunidad para saldar la deuda histórica con un departamento que consideró fundamental para el país.
Segunda visita: de salvar vidas a reconstruir
Dos semanas después, superada la fase de búsqueda y salvamento, comenzó el arduo camino de atender a los sobrevivientes que perdieron viviendas, negocios y los bienes que habían reunido durante años. En esa visita, a la que llegó con banqueros y empresarios, el presidente prometió visitas personales y sin previo aviso a los frentes de obra para verificar el avance de escuelas, viviendas y centros de salud, también aseguró que el Chocó será el primer departamento en ser reconstruido. En paralelo, la ANDI y cinco siderúrgicas anunciaron la donación de 1.000 toneladas de acero para la reconstrucción.
La cumbre del 7 de septiembre: el “Plan Marshall”

El momento central llegó el día en que el gobierno cumplía su primer mes. En Quibdó, el presidente reunió a su gabinete, a las autoridades locales y a líderes como Jaime y Gabriel Gilinski, Alejandro Santo Domingo, Luis Carlos Sarmiento, Juan Carlos Mora, Fuad Char, César Caicedo, Christian Daes y David Vélez. También asistieron los ministros de Comercio, Mauricio Gómez, y de Transporte, Elsa Noguera.
De allí salió un paquete de 14 medidas. La más grande es la infraestructura: un paquete de $1 billón que incluye la conexión de Quibdó con la región del San Juan, la de San José del Palmar y El Cairo con el norte del Valle, la mejora de la vía Istmina-Puerto Meluk, seis kilómetros pendientes de la vía Ánimas-Urabá y la pavimentación de 10,8 kilómetros entre Tutunendo y Quibdó, además del aeropuerto de Bahía Solano. La financiación se dividirá en partes iguales: $500.000 millones por obras por impuestos y otros $500.000 millones de inversión empresarial.
A esto se suman el Malecón Gastronómico sobre el río Atrato, cuya financiación está garantizada por el aporte del sector empresarial, según confirmó la gobernadora, y $5.000 millones en capital semilla para 1.000 emprendedores chocoanos, con $5 millones para cada negocio, aportados por Colombina, Bancolombia y Tecnoglass a través de iNNpulsa.
Asimismo, el plan incluye también apuestas de largo plazo: un régimen especial minero que busca seguridad jurídica para los inversionistas, la formalización de los mineros y que más riqueza permanezca en la región; un régimen tributario para atraer empresas; soluciones de energía solar para comunidades del Pacífico y plantas diésel para hospitales; y el estudio de una conexión entre el Atlántico y el Pacífico, sea un canal interoceánico o un ferrocarril entre el Urabá antioqueño y un puerto de aguas profundas.
Ahora bien, en lo social, Nutresa y Nubank entregarán 100 becas; Nuquí y Bahía Solano serán promovidos como destinos turísticos con la Fundación Santo Domingo y Fontur; Olímpica, Nutresa y Colombina comprarán directamente a productores locales; y el viche chocoano tendrá un canal comercial a través de la Central Mayorista de Antioquia. Para coordinar todo, se creó una gerencia especial a cargo de José Leonidas Tobón, chocoano y viceministro del gobierno.
Las primeras llaves
El 15 de septiembre el presidente volvió a Quibdó. Esta vez, manifestó: “Este es un gobierno de resultados”. La primera casa reconstruida del país la recibió la familia Asprilla, en el barrio Medrano, que perdió en el sismo la vivienda donde habían nacido varias generaciones desde 1958. Las viviendas son donadas por Grupo Argos, que inicialmente anunció 300 casas y luego amplió el compromiso a 1.000, de las cuales 500 serán para el Chocó. Ese mismo día iniciaron los pagos del apoyo económico temporal para los hogares que perdieron su vivienda.
Lo que falta
El tamaño de la tarea sigue siendo enorme. Según la UNGRD, el terremoto dejó más de 200.000 viviendas averiadas, 36.000 destruidas por completo y 700 edificios colapsados en el país, y en el Chocó quedan 499 casas del programa de Argos por entregar. El gobierno enfrenta críticas por la falta de avances, especialmente en la llegada de ayudas y la reubicación de quienes perdieron sus viviendas.
Hay también dudas sobre la viabilidad de las grandes obras. Sobre el canal interoceánico, un ingeniero consultado por El periódico El Tiempo recordó que esos terrenos ya no son baldíos sino territorios colectivos de comunidades negras e indígenas, lo que exige un complejo proceso de consulta previa. Desde Razón Pública se preguntan si la universidad pública, los consejos comunitarios y los jóvenes participarán en el plan, en una capital con un desempleo juvenil del 30 %.
El balance del primer mes muestra presencia, velocidad en los anuncios y una alianza inédita con el gran capital privado. Como resumió un análisis regional, el éxito dependerá de si los grandes anuncios de Quibdó se convierten en obras, empleos, inversión y mejores condiciones de vida para los chocoanos.

