81 años después de su creación, la pregunta ya no puede seguir siendo incómoda: ¿las Naciones Unidas cumplen realmente la misión para la que fueron creadas?
Por: Humberto García Zambrano
Director
Hay instituciones que nacen para responder a las grandes tragedias de la humanidad y que, con el paso del tiempo, terminan enfrentándose a una pregunta inevitable: ¿siguen siendo necesarias y, sobre todo, siguen siendo útiles?
Esa es hoy la pregunta que rodea a las Naciones Unidas.
La reciente Asamblea General volvió a poner sobre la mesa una discusión que durante años ha estado presente: ¿qué resultados concretos está produciendo la ONU frente a las guerras, el hambre, la pobreza, las migraciones, el terrorismo, el cambio climático y las nuevas amenazas globales?
Las críticas no llegaron únicamente desde un sector político. Diferentes gobiernos han cuestionado la capacidad de la organización para responder eficazmente a los problemas actuales. Incluso el secretario general, António Guterres, ha reconocido que la credibilidad de la ONU atraviesa uno de sus momentos más difíciles y ha insistido en la necesidad de reformar estructuras como el Consejo de Seguridad.
Entonces surge una pregunta inevitable: si el mundo cambió, ¿por qué la ONU no ha cambiado al mismo ritmo? Una organización para la paz que no puede detener las guerras, Las Naciones Unidas fueron creadas después de la Segunda Guerra Mundial con una misión histórica: evitar que el mundo volviera a vivir una tragedia semejante.
La idea era extraordinaria: que las naciones tuvieran un espacio para dialogar, resolver controversias, proteger los derechos humanos, promover el desarrollo y construir mecanismos de cooperación internacional. Pero ocho décadas después, el planeta continúa enfrentando guerras, crisis humanitarias y conflictos que parecen no encontrar una respuesta efectiva de la comunidad internacional. La ONU puede aprobar resoluciones, emitir declaraciones, convocar reuniones y promover negociaciones. Pero cuando las grandes potencias enfrentadas utilizan sus posiciones de poder para bloquear decisiones, su capacidad de actuar queda seriamente limitada.
El problema no es solamente la existencia de la ONU. El problema es una ONU cuya capacidad de acción muchas veces no corresponde con la magnitud de los problemas que pretende solucionar. Las críticas de los presidentes El presidente argentino, Javier Milei, llevó una de las críticas más fuertes durante la Asamblea General. Cuestionó el crecimiento de la burocracia internacional y puso en duda la eficacia de una organización que, desde su perspectiva, se ha alejado de sus objetivos originales.
Desde El Salvador, Nayib Bukele también ha planteado la necesidad de transformar el sistema multilateral y hacerlo más eficiente, transparente y capaz de responder a los problemas contemporáneos.

