Las Bestias del Apocalipsis

EDITORIAL MI NACION FEBRERO 2026

 

Las Bestias del Apocalipsis

Por: Humberto Gracia Zambrano

Director

El libro del Apocalipsis describe bestias que emergen en tiempos de caos, imponiendo miedo, dominación y destrucción. La metáfora, lejos de ser un relato antiguo, parece encontrar eco en la geopolítica contemporánea.

Hoy las bestias no tienen garras visibles ni rugen en desiertos. Visten trajes de Estado, ocupan palacios presidenciales y comparecen ante la prensa con discursos cuidadosamente redactados. Pero las consecuencias de sus decisiones son devastadoras: ciudades arrasadas, pueblos desplazados y cifras de muertos que superan cualquier cálculo moral.

Por no ir muy lejos, La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada en febrero de 2022 bajo el liderazgo de Vladimir Putin, ha dejado más de 160.000 muertos entre militares y civiles, según estimaciones internacionales. Europa volvió a escuchar el estruendo de misiles y el crujir de edificios colapsando. Millones de personas han sido desplazadas. El conflicto se ha convertido en una herida abierta para el continente.

En Medio Oriente, la escalada entre Israel y Palestina ha superado las 66.000 víctimas fatales en sus fases más recientes. Bajo el liderazgo del primer ministro Benjamin Netanyahu, las operaciones militares en Gaza han generado un número alarmante de muertos civiles, incluidos miles de niños. Del otro lado, los ataques armados de grupos palestinos perpetúan un ciclo de violencia que parece no encontrar freno.

En el tablero global gravitan otras figuras de influencia determinante. Donald Trump redefinió la política exterior estadounidense bajo una lógica de confrontación estratégica. Xi Jinping ha fortalecido el aparato militar chino y elevado tensiones en Asia-Pacífico, especialmente en torno a Taiwán y el mar del Sur de China. En Europa, Emmanuel Macron impulsa el fortalecimiento de la defensa continental en un contexto de rearme creciente.

Pero quizá uno de los ejemplos más inquietantes de la carrera armamentista moderna se encuentra en la península coreana. Kim Jong Un, líder absoluto de Corea del Norte, ha consolidado su poder no solo internamente sino también sobre un programa nuclear en expansión, reafirmando la disuasión atómica como eje estratégico de su Estado. Recientemente, Pyongyang presentó un nuevo sistema de lanzacohetes múltiples de 600 mm con capacidad para portar ojivas nucleares tácticas, exhibido en vísperas de un congreso político donde se espera que Kim exponga las próximas etapas de su programa atómico. Estos sistemas, según analistas, pueden alcanzar todo el territorio de Corea del Sur y representan un desafío directo a la seguridad regional.

Además, el propio congreso del Partido de los Trabajadores reelegido a Kim como secretario general reafirmó su agenda de fortalecimiento militar y nuclear como pilar de la defensa nacional norcoreana.

Cada nación argumenta defensa, disuasión o seguridad nacional. Cada mandatario invoca la estabilidad o el orden internacional. Pero mientras los discursos se pronuncian en salones diplomáticos, las bombas caen sobre barrios residenciales y nuevos arsenales nucleares se exhiben como trofeos de poder.

El liderazgo verdadero se mide por la capacidad de preservar la vida, no por la habilidad de justificar su pérdida. Cuando una firma autoriza un bombardeo, cuando un botón activa un misil que cruza fronteras y aniquila ciudades, o cuando se muestra orgulloso de un arsenal nuclear capaz de destruir una nación entera, la humanidad entera retrocede.

No se trata de desconocer la complejidad de los conflictos. La geopolítica existe. Las amenazas son reales. Los Estados defienden intereses. Pero ninguna razón estratégica puede borrar el sufrimiento humano ni convertir en aceptable la muerte masiva ni la acumulación de armas de aniquilación.

La bestialidad moderna no necesita rugir. Opera satélites, controla drones, administra arsenales nucleares., calcula daños colaterales en porcentajes.

¿Y cómo se le puede llamar a estos seres?

¿Iluminados? ¿Sabios? ¿Líderes? ¿Eruditos? ¿Seres superiores?

Ni siquiera les cabe el adjetivo de animales, porque el animal mata por instinto, no por cálculo político.

Nada de eso.

SON SENCILLAMENTE BESTIAS.